Me apartaron de mi familia, mis amigos, mi trabajo… a cambio de aprender el oficio de soldado pagándome siete duros al mes. El equivalente a cuatro bocadillos y cuatro cervezas a cambio de dos meses de instrucción y un año haciendo guardia de 24 horas día sí y día no, en la PA, policía aérea. Todo esto lo veía normal aunque no lo compartía.
Muy poco tiempo después tuve un accidente laboral que me dejó sin musculatura en todo el cuerpo. Me di cuenta de la hipocresía de la sociedad, como era una persona “rota” me quisieron sacar de ella, que me fuera a una residencia, que rampa en la escalera no porque hacía feo, que se cambiara de piso mi familia, que me atendieran ellos… Me di cuenta de que una persona rota no tiene cabida en la sociedad. Si se ha de poner mucho dinero, sesenta mil millones de euros, para salvar a los bancos por su mala gestión se crea un presupuesto y se les regala, estamos viendo el derroche que despilfarran, en el Castor, autopistas, túneles… Las personas discapacitadas mal vivimos porque nunca hay lo suficiente para descargar a la familia de un trabajo digamos social. Somos la sociedad arrinconada en el sumidero de la hipocresía, estoy harto de que me hablen despacio pensando que no soy una persona inteligente, estoy harto de que siempre me pregunten si voy a pasear, aunque vaya a hacer una gestión importante, a comprar o a trabajar…
Yo era una persona corriente, que reía, andaba, besaba, trabajaba… ahora soy una persona tan diferente, porque camino sentado, que cuando voy con alguien que camina casi nunca existo, siempre se dirigen a él, vamos que me estoy ganando el cielo y eso que soy ateo.
Nací cerril y cerril moriré, no necesito virtuosos que me domestiquen, necesito una sociedad y una administración que me respeten, necesito vivir.
Quiero ser sociedad para todo, no sólo para aprender el oficio de soldado.
31.03.25
1 comentario:
Nuria:
Como siempre brillante Andrés y 100 % tristemente de acuerdo contigo, me ha impactado a la vez que me cuesta de creer a estas alturas el titular.
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