No había agua corriente en las casas, cántaro, cántara, botijo… zafa, cubo de zinc, no había ducha, ni lavabo, ni váter, a cagar en cuclillas en el corral, pero había un problema y eran las gallinas, el zurullo para ellas era un manjar, incluso te picaban en el culo. Lo que sí que habían eran estrellas, espectacular, el Carro y las mulas, la Vía Láctea, la Luna, Venus… Por aquellos años, mil novecientos cincuenta y siete, los rusos pusieron su primer satélite llamado Sputnik en órbita y cada noche lo veíamos pasar como si fuera una estrella que corría por el cielo. La contaminación lumínica era cero.
La iluminación dentro de las casas era muy pobre, una pera (bombilla) por casa, si te pillaban con más de una encendida había multa, el candil y el farol trabajaban de lo lindo, en la cuadra, en el corral, en la cámara que es donde estaban los atrojes para guardar el trigo, la cebada patatas… en las cámaras también se guardaban los melones, las uvas, las peras… colgando del rabo en el techo. En fin, la cámara era “el mercado de abastos”.
Todo vida, todo alegría, mis padres compraron la casa que había al lado de la de mi abuela Bienvenida, se entraba por la calle del Currucote y las portás del corral daban a la calle de detrás, se tenía que retejar y hacer algunos arreglos en los que yo ayudé, ya tenía 10 años, encima del tejado disfruté como un niño, incluso aprendí cuál era el nivel de los tejados. Cosas del Ganga, el albañil.
Viviendo en las ventas un día corriendo detrás de la pelota casi me atropella el correo (autocar de línea), tuve suerte y sólo se quedó en un susto. En aquellos tiempos quiero recordar que el correo llegaba hasta la plaza, pero el esfuerzo que tenía que hacer el conductor para girar en la calle de los charcos hacia la plaza era tan duro que al final decidieron que el correo diera la vuelta en la placeta del pilar, donde la da ahora.
En la plaza, los domingos por la mañana podías encontrar a Josete vendiendo chambis, cucuruchos… para endulzar más la vida a la gente del pueblo. También estaba Esperanza con chucherías y cosas para ñacos. El torraero entonces era Zoilo que también colaboraba en hacer más amena la vida con sus garbanzos torraos. En el pueblo teníamos el antecesor del Chupa Chups, en la placeta de San Cristóbal en una casa particular lo hacían en forma de martillo de caramelo, otra golosina para hacer más dulce la vida a los ñacos, desfilábamos por aquella casa cada domingo a buscar el caramelo con palo, o sea, el martillo. Qué lástima que no lo patentó.
La verdad, no había casi nada de lo muchísimo que hay ahora, pero voy a confesar una cosa, mi infancia fue fenomenal, una maravilla, muchísimos amigos, mucha familia y en fin, casi todo el pueblo colaboró para que mi infancia fuera agradable.










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