Diferentes federaciones de deporte para personas con discapacidad física están subvencionadas por la Administración para tener monitores y artículos para poder ejercer dichos deportes.
La Federación de Ajedrez gestiona la competición de forma unificada (jugadores con y sin discapacidad compiten juntos en la misma liga). Aunque esto es positivo para la integración social, se convierte en un problema administrativo: la federación aplica un reglamento general diseñado para la mayoría y se desentiende de financiar las necesidades específicas de la gran discapacidad.
Es un ejemplo claro de que la sociedad no nos considera parte de ella porque si no tienes para poder pagar un monitor o cualquier artículo que necesites para poder competir, los representantes de la Federación de Ajedrez no saben, no quieren o les importa un pepino que un gran discapacitado pueda hacer un deporte que por sus características es el único que puede ejercer.
Ellos, los representantes de la Federación no lo dicen claro, pero lo que piensan es que una persona discapacitada no puede competir en Torneos de la Federación si no tiene para pagarse un monitor que le mueva las piezas, por lo tanto lo que están ofreciendo es que los discapacitados severos le exijamos a la Administración una federación aparte. Es vergonzoso y desde aquí lo quiero hacer público, que un deporte en el que podemos competir en igualdad de condiciones no disponga de monitores y artículos adaptados para que seamos sociedad y no un apéndice de este laberinto humano lleno de fallos y aquí se ve uno clarísimo porque los responsables de que la administración subvencione lo necesario para poder practicarlo no saben, no quieren o les importa un pepino que quien ha tenido un accidente, ha nacido así o tiene una enfermedad que le impide mover las manos, se quede sin ejercer un deporte como es el juego del ajedrez.
No nos quedaremos con las manos cruzadas esperando que la informalidad de los representantes nos deje aislados como si tuviéramos lepra.
La sociedad actual presume de ser inclusiva porque aprueba leyes de accesibilidad, elimina escalones o permite que un gran discapacitado se inscriba en un torneo.
Sin embargo, al no proveer la ayuda humana necesaria para ejecutar la acción (como mover las piezas de ajedrez o realizar trámites burocráticos), se lanza un mensaje perverso: "Te dejamos entrar, pero búscate la vida para poder participar".
Si para ejercer un derecho básico —como jugar, trabajar o realizar una gestión— la persona depende exclusivamente de su capacidad económica para pagar a un asistente privado, su ciudadanía está condicionada. No se le permite ser un miembro autónomo de la sociedad entera, sino un sujeto tutelado o apartado si no dispone de recursos.
Quiero recordar que una sociedad realmente justa y entera no es la que simplemente "tolera" la presencia de la discapacidad, sino la que asume colectivamente los costes de su autonomía para que nadie se quede atrás por motivos económicos.
22-07-26








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