Frente al mar cada mañana el cielo cambia de color, vivo frente al mar, lo miro cambiar de traje, azul cuando el día respira, gris si se encrespa el paisaje. Soy uno más en la mesa, mi hijo, mi compañera y yo, una casa llena de nombres, un corazón que no se rindió. Hubo quien quiso encerrarme entre paredes sin calor como si una vida distinta fuera una vida sin valor pero leo entre pensamientos, leo lo que nadie ve, las paredes del universo nos rodean también, no soy más, tampoco menos, soy quien aprende a escoger el sabor sencillo, amanece de día y aprendo a volver a querer. Dicen que basta una visita pera verme vivo y marcharse después, como si el cuerpo guardara lo que la mente dejó de leer, una sociedad con miedo, con prisa por clasificar prefiere una puerta cerrada antes que aprender a cuidar pero una persona no cabe por completo en una habitación, ni se mide por sus músculos, ni termina en una decisión. Porque leo entre pensamientos leo lo que nadie ve, las paredes del universo nos rodean también, no soy más, tampoco menos, soy quien aprende a escoger el sabor sencillo del día, la manera de volver a querer. No necesito mover un músculo para trabajar y crear, para reírme con mi hijo, para dejarme acompañar... La libertad no siempre hace ruido ni camina con los pies, puede vivir en una mirada, en una voz... en un aquí estoy otra vez, leo entre pensamientos como quien mira el piélago al amanecer, encuentro matices en la tormenta, encuentro motivos para permanecer. No soy más, tampoco menos, soy una persona que aprovecha el placer de estar vivo para ser lo más feliz que pueda ser.
Frente al mar, junto a los míos las paredes dejan de pesar y si el universo es nuestra casa que nadie nos quite el hogar.
A. Hinarejos

