Eran otros tiempos y había que arreglárselas y para que los ñacos chicos no estuvieran todo el día meados o cagados lo que hacían era ponerle un pantalón a un ñaco chico y cuando ya caminaba pero no sabía pedir para mear ni cagar, en la parte de delante le hacían un agujero para dejar el pito fuera y en la parte de atrás el pantalón tenía una raja para que al agacharse se abriera y así no había que lavar pañales, sobre todo en verano, en invierno era otra historia. Una anécdota curiosa: me tenía mi madre en brazos con el pito fuera y abrió el puchero que había en el fuego para mirar el
y yo me meé dentro. Si yo digo que aprovechábamos las suelas de goma de las sandalias, zapatillas, zapatos y todo lo que tuviera suela de goma parece que hacíamos colección de suelas de goma y nunca más lejos de eso, lo que hacíamos con ellas era guardarlas hasta abril más o menos, como dice el refrán: “Los de abril para mí y los de mayo para mi amo” ¿Y qué tiene que ver ésto con los caracoles? ¿Qué tienen que ver las suelas de goma? Es muy sencillo, en el tiempo de los caracoles se cogían las suelas que se habían guardado e íbamos a las huertas a buscar caracoles y no es que a ellos les gustaran las suelas, es que con las tenazas de la lumbre se cogía una suela y se le prendía fuego, una vez ardía se usaba como linterna, farol o candil, para buscar caracoles, hacía un poco de peste y humo pero era infalible para recoger una buena morterada en las noches de abril. Luego se dejaban unos días en ayunas y después se lavaban bien, se hervían y se hacía una salsa un poco picante, se mezclaba con ellos y a la sartén una media hora y estaban cicateros.
Entrega XV
Maldita guerra:
La entrega de hoy son cosas que me contó mi padre.
ENTREGA XVI
La primera maquina de ablentar que hubo en el pueblo. Lo trajo Antonio Recta
Eran otros tiempos, los ñacos conocíamos casi toda la flora del campo: pamplina para las gallinas, babaoles, lenguazas, ballico, cardillos, collejas, espárragos, hongos, setas de chopo y de cardacuca… era estudiar sin maestro o mejor dicho sin escuela, era aprender del entorno de los mayores, la escuela de la vida.
Conocíamos el barresanto que además de servir para hacer escobas para la casa servía como brocha para enjalbegar las paredes de la casa, conocíamos una hierba amarga con la cual se hacía otra escoba más fuerte para barrer la calle o la casa, se llamaban escobas amargas, también había otra planta para otro tipo de escoba que era bastante más grande, estas escobas se llamaban de botón, por el nombre de la planta y servían para barrer en la era porque eran bastante más fuertes. Y también había las de panizo rosetero, estás eran más frecuentes y servían para todo.
Eran otros tiempos, ahora le cuelgas un palo a un perro del collar, un palo que llegue casi hasta el suelo y te meten en la cárcel, cuando yo era ñaco en la época de veda si un perro iba sin el palo colgando del cuello, el dueño tenía que pagar una multa porque la Guardia Civil no permitía que en tiempo de veda los perros fueran sin el palo, el invento del palo no sé quién lo sacó pero estaba claro que era para que los perros no pudieran cazar, el palo colgando se lo impedía.
Palotes era un pueblo chico con una familia grande, todos éramos amigos, vecinos… todos nos conocíamos y si alguien necesitaba ayuda enseguida se dejaba el tajo para poder echar una mano. En Villapalacios cuando un zaramingo forastero venía golismiando a alguna zangana del pueblo, si seguía mucho tiempo con ella y no se pagaba el piso iba derecho al pilón, pagar el piso era hacer una invitación de cerveza en el bar.
Entrega XVIIQuién no sabía que había una casilla de peón caminero a 2 km más o menos del pueblo, quien no había ido con el rulo y el guía en el tiempo de las moras a comer moras a unas moreras que había enfrente de la casilla y antes de llegar a la casilla. En el terraplén de la carretera había muchos olmos, prácticamente un bosque a cada lado, en el terraplén, qué zángano y qué zángana no sabía que aquello era el picadero municipal, las parejas se acercaban hasta un poco antes de la casilla a darse un revolcón entre los olmos.
Al terreno que había cerca de la casilla entre el terraplén de la carretera y de la vía se la llamaba, o se le llama ”los blancares”, mi padre tenía un trozo de tierra en los blancares y un día me fui con él para degasonar, porque había labrado y habían quedado mucho gasones, entonces se cogía un palo, un rollizo de chopo, se ataba de las dos puntas y un mulo tiraba de él arrastrándolo, uno se subía encima del rollizo y los gasones se desmoronaban, estaba yo haciendo esto cuando me caí de bruces y me pasó el palo por encima, creo que todavía está allí la silueta de mi cuerpo por el peso del palo, mi padre no lo vio y yo tampoco le dije nada porque si se entera no me lo hubiera dejado hacer más.
La zapatilla con suela de goma servía, además de calzado, de educador, quién no ha obedecido a su madre con la zapatilla en la mano… En aquellos tiempos claro, hoy en día si su madre le pega con la zapatilla y la denuncia, igual se la quitan como madre.
Entrrega XVIII
Volviendo al cortijo de mi abuelo, recuerdo que en los pizorros se criaba una hierba que se llama yesca, esta hierba se buscaba después del verano porque con ella una vez bien seca se podía encender la lumbre, con una piedra de pedernal, un eslabón y ella, era suficiente para hacer un sagato, vamos, encender fuego. En los pizorros estaba la cueva de los morciguillos y de vez en cuando alguien subía para coger un saco de excrementos para usarlos como fertilizante en la huerta, también en uno de los pizorros había un sitio al que por su aspecto se le llamaba “la Plaza de Armas”, siendo yo pequeño en uno de ellos descubrieron una mina de hierro, justo encima del cortijo del nene de la hermana Anselma, incluso hicieron una carretera sin asfaltar hasta debajo de la mina desde el cortijo de los Tolines, pero al final no era rentable y se quedó muerta, pero vamos allí está; también en los pizorros se criaba una flor preciosa llamada peonía.
En Palotes era la naturaleza en vivo, en el cortijo era en vivo y en directo: culebras, lagartos, tortugas, rabilargos, perdices, totovías… una serie de bichos capaces de deslumbrar la curiosidad de cualquier ñaco.
En Villapalacios teníamos un depósito de agua, pero vacío, nos servía de refugio a partir de los diez, once años a los ñacos para jugar dentro aislados y sin público, y como es normal, el barrio donde estaba se llamaba, el barrio del depósito. También teníamos un toril, bueno a la parte de detrás de la iglesia se le llama “el toril”, supongo que antiguamente se utilizó para ese menester. Allí teníamos nuestro punto de encuentro para jugar a las bolas, a los culos, al zompo…También había un barrio que se llamaba “la volea”, dicen que cuando estaba de moda ese juego, hace 100 años, allí se jugaba a él. También teníamos un barrio que se llama “el castillo”, aunque quizás estaría en otros tiempos, porque ahora solo quedaba el nombre y algún resquicio en forma de alguna lápida con restos que decían que eran de musulmanes, por cierto, las escuelas estaban por allí, justo al lado de la casa de de mi tía Fe.
Entrega XIXExplicaré una anécdota que le pasó a mi padre con Gabriel, el del callejón, resulta que mi padre estaba en la huerta y una mula se restregó en un árbol de la huerta de Gabriel, la sorpresa fue cuando vino la Guardia Civil a decirle que la mula había estropeado un injerto de un árbol de Gabriel y mi padre tuvo que pagarle 25 pesetas, el caso es que al poco tiempo, en un pedazo de tierra que tenía mi padre cerca de Royosequillo, enfrente de Cardos, sembrado de trigo, vio que habían pasado unas yuntas por el sembrado y habían estropeado bastante trozo, envió al Pato, que era guarda y la resulta es que las yuntas que habían estropeado aquella siembra eran de Gabriel, pues bien, la multa fueron 50 pesetas, comentario de Gabriel a mi padre: ya te has cobrado el injerto. Donde las dan las toman, le contestó mi padre.
Tiempo de refajo, faltriquera, pañuelo, qué hermana (mujer mayor) no vestía refajo, faltriquera, pañuelo… en qué casa no había un tarimón, una cantarera, el pajar...todo era arcaico, pueblerino, paloteño, nuestro… Como casi todos los pueblos de España, vamos de película (Los santos inocentes), con sus señoritos, cura, Guardia Civil… Sí, señoritos, alguno iba a caballo a vigilar a sus trabajadores y le pagaba a la mujer de un mulero para que le limpiara la casa con la pringue de la orza de los chorizos. El cura, que sabía todo de todos gracias a la confesión y por lo tanto un ser que se creía superior. La Guardia Civil… lo dejo para que el que lea esto lo interprete como él quiera y dé su opinión.
Éramos felices todos, a nuestra manera… la feria, San Cristóbal, el domingo del pelitreo, incluso había ido con mis padres a Torruchel, a San Blas, esto último eran romerías, por supuesto a la Virgen de Cortes que era la principal.
Cortes, ese santuario que tenía y tiene a la gente del territorio eclipsada, viviendo yo en Villapalacios subía gente de la provincia de Jaén andando, incluso descalzos, en las ventas alguien hacía noche, luego al llegar al cruce de la carretera general con el santuario ese trayecto lo hacían de rodillas por alguna promesa, “el tesoro de la Virgen incalculable”.
Entrega XX

Un duro del 1949
También estaban las luminarias, la de San Antón y las otras, cada año era más grande la que yo podía saltar, también estaba la matanza, era una gozada juntarte con la familia para poder organizar el sistema alimenticio de casi todo el año en forma de proteínas, chorizos, morcillas, lomo adobado, jamón… toda una serie de viandas para poder subsistir y el chusmarro, el ajo pringue… después que el veterinario diera el visto bueno.
Chocolate del Cristo para la merendeta, aunque la merendeta reina era condumio de gorrino, en un cuarto de pan abierto y envuelto en una parella, como se llamaba a la servilleta en Villapalacios, y comértelo en la era cuando trillabas.
En el pueblo teníamos hasta un idioma autóctono, reguillo, botijuela, ñaco, parella… (En el Lexicario Paloteño de Emilio Quijano podéis poneros al día de las palabras usadas en aquellos tiempos). Se pierden las palabras como se perdieron las viñas, antes Llano Molino, las Ñoras, los Blancares… Incluso en la Moratilla mi abuelo Eleutério tenía una viña, como es normal en su casa tenía una pequeña bodega, recuerdo pisar la uva para hacer el vino de consumo propio para el año, después con los hollejos hacía mistela. Se quedó el pueblo sin mulos, se quedó sin viñas y esto es debido a que las viñas necesitan un tractor más pequeño que las olivas y para no comprar dos tractores, pues hala, el tractor de las olivas arrancó las viñas en todo el territorio.
No había televisión, no había móviles, no había plástico… Recuerdo que uno del pueblo perdió toda la cosecha de ajos y sabéis por qué, porque como llegó el plástico y no estamos familiarizados con él, la metió en un saco de aquellos modernos y se pudieron todos.
Soy un paloteño de pensamiento, durante muchos años he estado yendo allí a “respirar” recuerdos de mi infancia. Un día de los que fui, Amosico y Venturin me organizaron un día de pesca en el río Guadalmena, yo era un entusiasta de pesca con la mano y como lo sabían pues me lo brindaron con cariño.
También un día se me acercó el cura y con su voz de predicador, me dijo: ¿Cómo lo llevas en tu silla de la paciencia? Yo tuve un accidente en 1974 y por eso la pregunta del cura.
Cuartel viejo
Entrega XXI
Aunque en la época los nombramientos eran competencia directa del Gobernador Civil, la tradición oral y los registros locales de Villapacios sugieren que este cambio no fue un simple trámite administrativo, sino que estuvo motivado por un malestar creciente en el pueblo.
En el año 1957 hartos del comportamiento del alcalde, un grupo de vecinos se organizó para hacer reuniones, aunque estaban prohibidas, para poder quitarlo. Muchas de las reuniones se hicieron en casa de Sotero, en aquel tiempo estaba prohibido hacer encuentros de más de dos personas pero aunque había cuartel de la Guardia Civil en el pueblo, los que decidieron echarlo, aprovechaban las noches para juntarse y madurar la idea. Después de muchas reuniones y tener claro quién lo sustituiría dos vecinos se encaminaron a Albacete para hablar con el Gobernador Civil y al explicarle lo que pasaba en el pueblo la respuesta fue tajante "y por qué no han venido antes" y automáticamente lo sustituyó, cosa que queda reflejada en el archivo del Ayuntamiento, aunque no pone porqué.
Sé de buena fuente que en el Archivo Municipal está el documento diciendo que queda sustituido por orden del Gobernador Civil y a partir de entonces quedó como responsable y alcalde del Ayuntamiento de Villapalacios Robustiano Rodríguez, es un hecho importantísimo en plena época franquista que Villapalacios pudiera echar al alcalde franquista, cosa que quedó sin ser archivada porque como pasa siempre las cosas mal hechas no aparecen históricamente escritas.
El caso es que la voluntad de un pueblo pudo con la mentira y falsedades de un personaje histórico pero no por su bien hacer.
También es cierto que en un paraje llamado la viña de los almendros se compró un terreno con dinero del Ayuntamiento para hacer un cementerio nuevo y curiosamente el suelo era tan duro que se decía que había que utilizar dinamita para cavar una fosa, por cierto nunca se enterró a nadie y nunca fue camposanto y lo que hizo para la muerte, ahora se utiliza para diversión porque dentro se ha hecho la piscina, la plaza de toros, el campo de fútbol… total que un cementerio inútil ahora sirve de complejo deportivo.
Quiero que quede claro que el recuerdo, la realidad, la vida misma… también es historia aunque en los archivos oficiales no quede escrito.
Entrega XXII


Hoy cumplo cincuenta y dos años después de "parirme" el mar.
Renací en el mar y volví a vivir, la vida se fue y volvió, volvió la vida en otra forma y dimensión, sin pies, ni manos pero volvió.
El parto fue rápido un par de segundos más o menos, y todo sería igual, sin embargo mi persona era totalmente diferente, el mar me había parido y me dejó allí fuera de control, a partir de aquel día la resiliencia sería mi bandera sin haber oído hablar de ella.
Había nacido roto en el limbo de una sociedad incrédula para gente como yo, rota tras un accidente de playa, de trabajo, de coche…, gente por otro lado con tantas ganas de vivir como antes pero con poquísimos recursos, era imposible seguir a una sociedad tan hecha para que le gustara el prójimo aunque se hubiera “roto”.
Dispuesto a seguir tras aquel conato de intentar robarme la vida fácilmente, con fuerza ansié todo lo que volviera a respirar sobre la tierra y sin preámbulos empecé una nueva andanza aunque la sociedad, la administración, la política…, procuraran ponerme todas las trabas que se puede uno encontrar en un camino tan irreal como es una vida plena.
Ha merecido la pena, merece la pena, me quedé en pelotas en aquel fulminante episodio, ahora vestido, no con ropa fina sino con ropa remendada por todo lo que he vivido después de aquel porrazo.
La vida, mi vida acompañada por mi familia y mis amigos es lo único que tengo y he tenido siempre, cuando con más intensidad la viva será un placer vivirla y más satisfecho me encontraré en mi viejo armazón aunque esté inmóvil.
Yo era, yo era, no, yo soy una persona corriente que ha llegado a la conclusión de que buena parte de la sociedad no nos conoce, no me conoce…
Ahora roto, sigo siendo guapo y con canas y sentado, pero sobre todo sigo "despierto" y vivo.
17-05-26
Entrega XXIII Félix con su turuta… "Se hace saber que en el comercio de Teodoro hay sardineta, boquerones, jureles… también se hace saber que en la plaza hay un camión que vende naranjas y también se hace saber que un camión de charlatanes dan tres mantas por el precio de una y más ropa de cama a precios regalados". Está claro que era el pregonero, vivía en el callejón de las escaleras, en la parte de más abajo de su casa vivía el zapatero que por cierto tenía los pies mal y le llamábamos el zapatero de las patas torcidas, aunque no había otro.
A mí me llamaban "rompe chico" y la historia es que mi bisabuelo, cuando era joven, un día de invierno sin luces por la calle y de noche, iba corriendo porque tenía frío e iba con la cabeza un poco agachada y en una esquina se tropezó con una mujer que llevaba una cántara apoyada en el íjar y le rompió la cantará con la cabeza y de ahí viene el mote, primero él, luego mi abuelo, después mi padre y en aquellos tiempos yo que era un niño.
Hablando de niño, cuando vivía en el pueblo se incendió una casa de la calle del Currucote, la que hay enfrente de la del nene de los Pacicos, la hija recuerdo que se llamaba Isabeleta. Bueno, contaré un recuerdo de aquel incendio y es que desde la casa hasta el pilar de la Placeta se hizo una fila de gente con un cubo cada uno, lo llenaban en el pilón y iba de mano en mano hasta la casa, se le tiraba al fuego y volvía vacío por la misma fila hasta el pilón para llenarlo y volver... en fin, eran otros tiempos y el pueblo se volcó para apagar el fuego. Solidaridad, hermandad, cariño… cosas de palotes que supongo que por muchos pueblos de España pasaría lo mismo, que casi todo el pueblo era una familia o al menos cuando se necesitaban todos "a una, como en Fuente Ovejuna".
Hablando de incendios estaba el toque de campanas que se hacía cuando había algún incendio en el pueblo, también había una campana, que mejor que tocara pocas veces, porque era la que tocaba cuando alguien se moría y luego había el repique de campanas para las procesiones…
El campanario tenía cuatro huecos para cuatro campanas pero solo había tres, decían que la otra cuando la estaban colocando se cayó y no sé nada más, solo sé que faltaba una.

Hablando de campanas, os dejo una pequeña historia de la Iglesia de mi pueblo Villapalacios. La he sacado de la IA.
La Iglesia de San Sebastián en Villapalacios, Albacete, fue declarada Monumento Histórico-Artístico Nacional el 17 de febrero de 1978. Actualmente, este templo ostenta la categoría de Bien de Interés Cultural (BIC) bajo el código de identificación RI-51-0004267. [1, 2]
Características principales:
Es considerada la joya patrimonial de la localidad y destaca por los siguientes elementos: [1]
Estilo arquitectónico: Se trata de una construcción de estilo gótico tardío (finales del siglo XV y principios del XVI) con notables influencias renacentistas, mudéjares y platerescas.
Estructura de arcos diafragma: Presenta una planta rectangular de una sola nave dividida en siete tramos mediante arcos apuntados de cantería, una tipología común en la provincia de Albacete durante la alta Edad Media.
El Coro: Es una de las partes más artísticas del templo, construido con vigas de madera horizontales y una columna central tallada, presenta vigas decoradas con cabezas talladas y pinturas de estilo mudéjar con motivos geométricos y vegetales y una tribuna plateresca.
Vínculo con la nobleza: En su interior se conserva la lápida de los Condes de Paredes, cuya familia tuvo una capilla funeraria en el presbiterio hasta que se hundió durante el terremoto de Lisboa.
Exterior: Posee una portada gótica en la fachada sur, una torre campanario a los pies y una robusta construcción de piedra con contrafuertes.
Pila Bautismal: Una pieza labrada en piedra que destaca por su antigüedad y detalle.

Entrega XXIV

Hablando de accidente, un día en el recreo, jugando con Manolo el de Belmonte, me dio con un palo en el ojo derecho y se me clavó una espina en la niña. Después de que, primero el maestro, luego mi madre y por último el médico… no pudieron quitarmela decidieron que tenían que llevarme al hospital a Albacete. Hubo suerte, un viajante que hacía la ruta del pueblo coincidió que había venido a hacer alguna gestión a los comercios del pueblo, se ofreció para llevarme a Albacete ya que él iba allí también. Llegamos a las 12 o la 1 de la madrugada al hospital, la sorpresa fue cuando una monja que había de guardia dijo que teníamos que esperar a la mañana porque el oculista estaba durmiendo en su casa, bueno, mi padre que era bastante convincente, le dijo a la monja que llamaba ella al oculista o el llamaba a la Guardia Civil, la monja cedió y llamó al oculista y me sacó la espina y también dijo que si no hubiera venido a sacarla hubiera perdido la vista de ese ojo. Una semana más o menos con más miedo que once viejas, como se decía en el pueblo, en una sala de 30 camas, estaba yo solo, un día mirando por allí, por una ventana vi a un muerto en una losa de autopsias, sólo me faltaba eso, mi padre se quedó alguna noche a dormir conmigo. A la hora de desayunar y comer con los enfermos de otras salas, la monja nos quería hacer rezar, pero nadie sabe, decía, incluso un día se dirigió a mí, diciendo, tú niño, no sabes rezar. Mi padre había ido al pueblo y me había traído un montón de mis tebeos, por lo menos tenía para leer y no aburrirme, sin embargo, a la hora de darme el alta no tenía ninguno porque un celador me los había pedido el viernes para leerlos en su casa o sea que me quedaba sin ellos, pero volvió a actuar mi padre pidiendo la dirección de aquella persona y nos encaminamos a su casa a buscarlos y sin problemas me los dio.
En fin, volví al pueblo viendo normal y con la niña del ojo derecho alargada en vez de redonda.
En el pueblo nevaba casi cada año, pero recuerdo uno que fue espectacular, tanto, que algunos hombres hicieron una bola de nieve dando vueltas por la plaza, enorme, luego la bajaron por la calle hasta la volea y por la cuesta del Huerto del Cura la lanzaron engordando a cada vuelta. Con lo que la plaza quedó bastante limpia de nieve.
Entrega XXVNo había agua corriente en las casas, cántaro, cántara, botijo… zafa, cubo de zinc, no había ducha, ni lavabo, ni váter, a cagar en cuclillas en el corral, pero había un problema y eran las gallinas, el zurullo para ellas era un manjar, incluso te picaban en el culo. Lo que sí que habían eran estrellas, espectacular, el Carro y las mulas, la Vía Láctea, la Luna, Venus… Por aquellos años, mil novecientos cincuenta y siete, los rusos pusieron su primer satélite llamado Sputnik en órbita y cada noche lo veíamos pasar como si fuera una estrella que corría por el cielo. La contaminación lumínica era cero.
La iluminación dentro de las casas era muy pobre, una pera (bombilla) por casa, si te pillaban con más de una encendida había multa, el candil y el farol trabajaban de lo lindo, en la cuadra, en el corral, en la cámara que es donde estaban los atrojes para guardar el trigo, la cebada patatas… en las cámaras también se guardaban los melones, las uvas, las peras… colgando del rabo en el techo. En fin, la cámara era “el mercado de abastos”.
Todo vida, todo alegría, mis padres compraron la casa que había al lado de la de mi abuela Bienvenida, se entraba por la calle del Currucote y las portás del corral daban a la calle de detrás, se tenía que retejar y hacer algunos arreglos en los que yo ayudé, ya tenía 10 años, encima del tejado disfruté como un niño, incluso aprendí cuál era el nivel de los tejados. Cosas del Ganga, el albañil.
Viviendo en las ventas un día corriendo detrás de la pelota casi me atropella el correo (autocar de línea), tuve suerte y sólo se quedó en un susto. En aquellos tiempos quiero recordar que el correo llegaba hasta la plaza, pero el esfuerzo que tenía que hacer el conductor para girar en la calle de los charcos hacia la plaza era tan duro que al final decidieron que el correo diera la vuelta en la placeta del pilar, donde la da ahora.
En la plaza, los domingos por la mañana podías encontrar a Josete vendiendo chambis, cucuruchos… para endulzar más la vida a la gente del pueblo. También estaba Esperanza con chucherías y cosas para ñacos. El torraero entonces era Zoilo que también colaboraba en hacer más amena la vida con sus garbanzos torraos. En el pueblo teníamos el antecesor del Chupa Chups, en la placeta de San Cristóbal en una casa particular lo hacían en forma de martillo de caramelo, otra golosina para hacer más dulce la vida a los ñacos, desfilábamos por aquella casa cada domingo a buscar el caramelo con palo, o sea, el martillo. Qué lástima que no lo patentó.
La verdad, no había casi nada de lo muchísimo que hay ahora, pero voy a confesar una cosa, mi infancia fue fenomenal, una maravilla, muchísimos amigos, mucha familia y en fin, casi todo el pueblo colaboró para que mi infancia fuera agradable.
Entrega XXVI

No había tractores, cosechadoras, televisión, ordenador… había un teléfono en todo el pueblo en la centralita, sin embargo lo que aún no he dicho que no había eran bolígrafos, allí todos teníamos que aprender a escribir con pluma, en el colegio los pupitres eran dobles, o sea, para dos niños y en el centro en la parte de delante tenía un agujero para poner el tintero que usábamos para ir mojando la pluma y escribir los dictados y las redacciones, suerte que había lapiceros para poder usarlos al hacer los problemas y las cuentas, también teníamos lapiceros de colores para dibujar, alguno se permitía el lujo de tener un compás en el plumier.
Había cuatro aulas, dos de ñacos y dos de ñacas, estaba la mía de la que el maestro era don Federico, la de don Aníbal, la de doña Enriqueta, la de doña Fidela… luego había otra allí enfrente del comercio de Vidal cerca de la calle del Currucote, el maestro era don Eduardo.
Comercios de ropa, calzado, comestibles… había varios, el de Felix José, el de Vidal, Teodoro, Jesús Quijano, Vicente, Edelmiro y el que había en la punta de arriba de la plaza, que, por cierto, la esquina del edificio de ese comercio estaba hecha con una piedra especial para afilar la navaja y poco a poco se iba haciendo un hueco y al final el dueño tuvo que poner una cantonera metálica tapando la piedra para que la gente no afilara la navaja por miedo a que se le cayera el edificio, todavía está la esquinera de metal. Me olvidaba del comercio del Paragüero, el de Pedro Losa, la Joanica…
Por entonces había unas monedas de duro que eran muy grandes, tanto que al final las acabaron quitando e hicieron una moneda de diez duros del mismo tamaño. Recuerdo que cuatro o cinco ñacos le colamos una moneda de duro como si fuera de 10 duros a un comerciante, nos compramos un montón de golosinas y encima nos devolvió el cambio, travesura de ñacos chicos. En otra ocasión un comerciante le dijo a mi padre “ tengo unos fajos de tela que no los vendo ni a tiros”, ese mismo comentario se lo hizo a uno de los viajantes que venían a traerle el género, respuesta del viajante, si los tienes a 14 reales ponlos a 28 y si no lo vendes me lo devuelves, cosas de humanos, a los pocos días había vendido toda la tela. Otra anécdota simpática es que fue la hermana Anselma al comercio a comprarle unos zapatos a su hijo y había un viajante aquel día y ella le dijo al comerciante: ¿Tienes unos zapatos para mi nene? Le dijo que qué número gastaba el nene, “el 42” contestó y claro el viajante cuando vio que el nene calzaba al cuarenta y dos dijo: pijo, cuando sea hombre gastará el 60. Y es que al hijo de la hermana Anselma le decían el nene.