Un día de aceituna: había que ir andando hasta el olivar, luego, lo primero era hacer un sagato (una lumbre) porque hacía un frío que pelaba ya que la aceituna se recogía en diciembre y en enero, normalmente los hombres con un varejón avareaban las olivas y las mujeres de rodillas iban recogiendo las aceitunas que quedaban en el suelo, aunque se ponían mantones para que las que se avareaban cayeran en ellos siempre había bastantes en el suelo y el tema es el frío tan grande que a veces en el sagato se ponían piedras a calentar para irlas poniendo delante de las mujeres para de vez en cuando cogerlas con la mano y calentárselas, muchas veces había que cogerlas arreguilladas. El dedo índice de las manos iba quedándose sin uña al recoger las aceitunas del suelo, entonces lo que se hacía en algunas ocasiones era coger una bellota, partirla por la mitad, quitarle la chicha y ponértela a modo de dedal para resguardar la uña y que no te hiciera daño. Era un trabajo duro y crudo, me gustaría poderlo reflejar en toda su plenitud para que vieran hoy en día lo que se tenía que hacer en aquellos tiempos para poder vivir aunque las aceitunas fueran tuyas. A veces se hacía "tarea" y era que cuando se llenaba un capacho de aceituna te podías ir a casa, cincuenta kilos más o menos. También las aceitunas que se avareaban estaban mezcladas con hojas, entonces en un mantón se ponía un montón de aceitunas y a unos metros se ponía otro mantón para ir tirandolas normalmente con un azafate para que las hojas se separaran de las aceitunas.
Los ñacos recogíamos el salteo o sea las que estaban más lejos de la oliva, aunque yo recuerdo que con 12 o 13 años estaba cogiendo aceitunas con mi tío en la huelga, en Guadalmena y para llevar la aceituna a la almazara del pueblo mi tío me acompañaba con dos mulos y tres capachos en cada uno para pasar el "vao" del río y una vez al otro lado me iba al pueblo yo sólo a descargar la aceituna en la almazara y la suerte que tenía es que al volver podía hacerlo montado en un mulo en vez de ir caminando, pero bueno tenía 12 o 13 años, una barbaridad porque eso ahora estaría penado y sin embargo yo lo hacía con gusto y sabiendo que estaba ayudando a la familia porque en aquellos tiempos todos nos echábamos una mano.
En la fábrica o almazara había un corralón lleno de atrojes y cada uno ponía la aceituna en el suyo, luego el día de molerla era un día especial porque veías como el pozo donde caía tu aceite se iba llenando y la verdad, el color dorado de aquel aceite no tiene nada que ver con el que venden en las tiendas hoy en día, después en cántaras de metal se subía a casa y se metía en tinajas o lo dejaban en la almazara para venderlo, en fin, un día de aceituna completo era todo un ritual y al final cuando se acababa de coger el último olivar se hacía el remate con cuerva y todo, es lo que recuerdo y es lo que normalmente pasaba. Aceite virgen extra y ecológico porque las olivas se abonaban con estiércol de animal normalmente una pasada. Unos tiempos pasados que mejor recordarlos pero que no vuelvan a nuestra vida. Luego las olivas se escardaban, como se decía en el pueblo, para que el año que viene estuvieran cargadas si el tiempo acompañaba y las ramas que le quitaban servían de leña para el fuego de la chimenea para calentarte y en verano para hacer la comida: cocido, caldoarriero, pisto… y todo eso, emocionalmente casi perfecto aunque te deslomaras trabajando, no solo en coger la aceituna si no también en segar y la huerta y todo lo que en aquellos tiempos se hacía, incluso engordar el gorrino para la matanza y hablando de matanza con 12 años maté un gorrino primal porque mi tío era el matarife de la familia y me estaba enseñando a mí para que pudiera seguir esa tradición, ahora me daría pánico clavar el cuchillo en el cuello de un gorrino buscando la vena que se tenía que cortar para que diera toda la sangre, no me arrepiento pero solo de pensarlo me da un poco de yuyu.







