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Quién no sabía que había una casilla de peón caminero a 2 km más o menos del pueblo, quien no había ido con el rulo y el guía en el tiempo de las moras a comer moras a unas moreras que había enfrente de la casilla y antes de llegar a la casilla. En el terraplén de la carretera había muchos olmos, prácticamente un bosque a cada lado, en el terraplén, qué zángano y qué zángana no sabía que aquello era el picadero municipal, las parejas se acercaban hasta un poco antes de la casilla a darse un revolcón entre los olmos.
Al terreno que había cerca de la casilla entre el terraplén de la carretera y de la vía se la llamaba, o se le llama ”los blancares”, mi padre tenía un trozo de tierra en los blancares y un día me fui con él para degasonar, porque había labrado y habían quedado mucho gasones, entonces se cogía un palo, un rollizo de chopo, se ataba de las dos puntas y un mulo tiraba de él arrastrándolo, uno se subía encima del rollizo y los gasones se desmoronaban, estaba yo haciendo esto cuando me caí de bruces y me pasó el palo por encima, creo que todavía está allí la silueta de mi cuerpo por el peso del palo, mi padre no lo vio y yo tampoco le dije nada porque si se entera no me lo hubiera dejado hacer más.
La zapatilla con suela de goma servía, además de calzado, de educador, quién no ha obedecido a su madre con la zapatilla en la mano… En aquellos tiempos claro, hoy en día si su madre le pega con la zapatilla y la denuncia, igual se la quitan como madre.









