La primera maquina de ablentar que vino al pueblo. La trajo Antonio Recta
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Eran otros tiempos, los ñacos conocíamos casi toda la flora del campo: pamplina para las gallinas, babaoles, lenguazas, ballico, cardillos, collejas, espárragos, hongos, setas de chopo y de cardacuca… era estudiar sin maestro o mejor dicho sin escuela, era aprender del entorno de los mayores, la escuela de la vida.
Conocíamos el barresanto que además de servir para hacer escobas para la casa servía como brocha para enjalbegar las paredes de la casa, conocíamos una hierba amarga con la cual se hacía otra escoba más fuerte para barrer la calle o la casa, se llamaban escobas amargas, también había otra planta para otro tipo de escoba que era bastante más grande, estas escobas se llamaban de botón, por el nombre de la planta y servían para barrer en la era porque eran bastante más fuertes. Y también había las de panizo rosetero, estás eran más frecuentes y servían para todo.
Eran otros tiempos, ahora le cuelgas un palo a un perro del collar, un palo que llegue casi hasta el suelo y te meten en la cárcel, cuando yo era ñaco en la época de veda si un perro iba sin el palo colgando del cuello, el dueño tenía que pagar una multa porque la Guardia Civil no permitía que en tiempo de veda los perros fueran sin el palo, el invento del palo no sé quién lo sacó pero estaba claro que era para que los perros no pudieran cazar, el palo colgando se lo impedía.
Palotes era un pueblo chico con una familia grande, todos éramos amigos, vecinos… todos nos conocíamos y si alguien necesitaba ayuda enseguida se dejaba el tajo para poder echar una mano. En Villapalacios cuando un zaramingo forastero venía golismiando a alguna zángana del pueblo, si seguía mucho tiempo con ella y no se pagaba el piso iba derecho al pilón, pagar el piso era hacer una invitación de cerveza en el bar.









