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| Casa de mi abuelo Eleuterio, donde nací. |
Hablando de anécdotas de cura y cementerio explicaré una que me pasó la primera vez que fui al pueblo después de haberme ido a los 14, tenía19 años, evidentemente nadie me conocía, ni mi tía, ni mi tío, ni mis primas, pero bueno eso fue al principio luego ya tan normal, en los días que estuve allí se murió la madre de mi tía y el día del entierro a mí me apetecía llevar el ataúd como se lleva en el pueblo, a hombros, ya tenía 19 años y hacerlo como un hombre me hacía gracia, el caso es que delante de la comitiva iba el cura y más adelante iba el monaguillo con una cruz de bronce que pesaba un cojón para lo pequeño que era el ñaco. Yo, después de cumplir lo que me había propuesto que era llevar un rato el ataúd fui y le dije al ñaco que me diera la cruz y la llevé hasta el cementerio, una vez allí le dije al cura que si se la llevaba a la iglesia o no, me dijo, no, no, ya me la llevo yo. Bueno, pues al domingo siguiente en misa durante el sermón que decía el cura también comentó la anécdota y la comentó a su manera y lo que dijo fue, “es que como la gente no deja que sus hijos sean monaguillos ha tenido que venir un forastero para llevar la cruz”. Yo creo que el forastero era él, que era de Balazote porque yo era del pueblo y además el entierro era el de la madre de mi tía.
(Hablando de cementerio, cuando vivía en el pueblo y había un entierro siempre los ñacos íbamos a ver la tumba de la loca, era una tumba que estaba atada con cadenas y nos hacía gracia verla, nunca supimos por qué aquella lápida estaba atada con cadenas, supongo que todavía está, estaba junto a una oliva que había).
Mucha gente fue al entierro pero bastantes, sobre todo hombres, se quedaron en la puerta de la iglesia, unos porque no eran católicos y otros porque no les caía bien el cura supongo, pues bien él, en su sermón, también aprovechó para decir que todos los que se habían quedado en la calle mejor que no fueran al entierro porque como no habían entrado a oír la ceremonia y sobre todo sus palabras, pues mejor que no fueran al entierro.
En una ocasión estando viviendo yo en Villapalacios estábamos en misa y una chica entró a la Iglesia con un vestido de tirantes, pues bien el cura estaba haciendo misa y cuando se dio cuenta de que aquella chica estaba sin mangas, sólo con tirantes en el vestido, la hizo salir fuera de la iglesia gritando desde el altar.

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