domingo, 4 de enero de 2026

Villapalacios, mi pueblo, mis recuerdos… Entrega IX

 



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Villapalacios está en un altiplano, en el centro de un gran valle, desde los cantones se ven los campos, llamamos cantones a las afueras del pueblo, pues bueno, el cura se asomaba los domingos a los cantones y si veía a algún trabajador arando mandaba a la Guardia Civil a buscarlo porque según él estaba prohibido trabajar el domingo. Esa era la España de aquellos tiempos, el cura era un impedimento para poder trabajar los domingos, a lo mejor toda la semana había estado lloviendo y no se podía salir al campo si el domingo hacía sol y un hombre aprovechaba para arar su haza, la Guardia Civil se lo impedía y además lo ponía una multa, gracias al cura.

Vamos que, como si fuera un ñaco chico, se lo traían de la oreja al pueblo. Una vergüenza.

Hablando de curas, un día el ñaco pequeño de la Pilar, hermanico de Ismael, apareció en su casa con una coronilla en la cabeza como la de los curas, investigando a ver quién le había hecho la coronilla al final descubrieron que había sido el Zoco con un cortauñas, bueno ahora a buscarlo y se lo llevaron al cuartelillo del Ayuntamiento, lo que no recuerdo es si sus padres tuvieron que pagar una multa o no.

En el pueblo teníamos (y tenemos) un juego que solo se juega los días de la feria. Consistía en un óvalo hecho con yeso inclinado hacia el centro, allí se ponía una taza enterrada hasta el borde y se hacía una hendidura a cada lado de la taza, frente al jugador que era la banca en ese momento, se sentaba y tiraba 8 bolas, si las bolas que quedaban dentro de la taza eran pares ganaba el banquero, si eran nones ganaban los que apostaban por fuera. El banquero decía “pares reales” y cogía todo el dinero. El de la banca “casaba” las apuestas: si alguien ponía mil pesetas él  ponía otras mil y una piedrecita encima, otro 500, otro 200 otro… vamos que no había límite, bueno el límite era el dinero del banquero. Fue echarle narices porque aunque en tiempos de Franco el juego de apuestas estaba prohibido en el pueblo el juego de la taza no se prohibió nunca, aunque la Guardia Civil hizo algún intento para prohibirlo.


Un día se murió un hombre, este hombre era viudo y vivía con una mujer sin estar casados, el problema lo tuvo la familia al querer darle sepultura, el cura les dijo que aquel muerto no entraba en la Iglesia, es más, él no lo enterraba en el cementerio, entonces la familia habló con el alcalde y no pudieron hacer nada y el hombre fue enterrado en el corral de los no bautizados y no creyentes. Al día siguiente el cura estaba hablando de este tema con dos o tres caciques del pueblo riéndose por cómo había ido todo, el alcalde que pasó cerca de ellos oyó la conversación e increpó al cura, incluso le dió algún tortazo, el cura entonces sacó el crucifijo que siempre llevaba y se lo puso delante diciendo “le pegas a Dios, le pegas a Dios”. En fin, que tuvimos pelea y todo, cura y alcalde, según mi opinión y la del pueblo la culpa era del cura por no querer dar sepultura normal a aquel hombre en el cementerio.


1 comentario:

anhimo dijo...

Qué cosas ,mi madre también contaba esa historia. Su abuelo también vivió con una mujer sin estar casado y le dijeron que se fuera por si a su abuelo le hacían lo mismo.