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Ablentando en la era
Trampa para cazar gorriones
Hablando de accidente, un día en el recreo, jugando con Manolo el de Belmonte, me dio con un palo en el ojo derecho y se me clavó una espina en la niña. Después de que, primero el maestro, luego mi madre y por último el médico… no pudieron quitarmela decidieron que tenían que llevarme al hospital a Albacete. Hubo suerte, un viajante que hacía la ruta del pueblo coincidió que había venido a hacer alguna gestión a los comercios del pueblo, se ofreció para llevarme a Albacete ya que él iba allí también. Llegamos a las 12 o la 1 de la madrugada al hospital, la sorpresa fue cuando una monja que había de guardia dijo que teníamos que esperar a la mañana porque el oculista estaba durmiendo en su casa, bueno, mi padre que era bastante convincente, le dijo a la monja que llamaba ella al oculista o el llamaba a la Guardia Civil, la monja cedió y llamó al oculista y me sacó la espina y también dijo que si no hubiera venido a sacarla hubiera perdido la vista de ese ojo. Una semana más o menos con más miedo que once viejas, como se decía en el pueblo, en una sala de 30 camas, estaba yo solo, un día mirando por allí, por una ventana vi a un muerto en una losa de autopsias, sólo me faltaba eso, mi padre se quedó alguna noche a dormir conmigo. A la hora de desayunar y comer con los enfermos de otras salas, la monja nos quería hacer rezar, pero nadie sabe, decía, incluso un día se dirigió a mí, diciendo, tú niño, no sabes rezar. Mi padre había ido al pueblo y me había traído un montón de mis tebeos, por lo menos tenía para leer y no aburrirme, sin embargo, a la hora de darme el alta no tenía ninguno porque un celador me los había pedido el viernes para leerlos en su casa o sea que me quedaba sin ellos, pero volvió a actuar mi padre pidiendo la dirección de aquella persona y nos encaminamos a su casa a buscarlos y sin problemas me los dio.
En fin, volví al pueblo viendo normal y con la niña del ojo derecho alargada en vez de redonda.
En el pueblo nevaba casi cada año, pero recuerdo uno que fue espectacular, tanto, que algunos hombres hicieron una bola de nieve dando vueltas por la plaza, enorme, luego la bajaron por la calle hasta la volea y por la cuesta del Huerto del Cura la lanzaron engordando a cada vuelta. Con lo que la plaza quedó bastante limpia de nieve.


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