sábado, 13 de junio de 2026

Villapalacios, mi pueblo, mis recuerdos.... Entrega XXVI

 

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No había tractores, cosechadoras, televisión, ordenador… había un teléfono en todo el pueblo en la centralita, sin embargo lo que aún no he dicho que no había eran bolígrafos, allí todos teníamos que aprender a escribir con pluma, en el colegio los pupitres eran dobles, o sea, para dos niños y en el centro en la parte de delante tenía un agujero para poner el tintero  que usábamos para ir mojando la pluma y escribir los dictados y las redacciones, suerte que había lapiceros para poder usarlos al hacer los problemas y las cuentas, también teníamos lapiceros de colores para dibujar, alguno se permitía el lujo de tener un compás en el plumier. 

Había cuatro aulas, dos de ñacos y dos de ñacas, estaba la mía de la que el maestro era don Federico, la de don Aníbal, la de doña Enriqueta, la de doña Fidela… luego había otra allí enfrente del comercio de Vidal cerca de la calle del Currucote, el maestro era don Eduardo.

Comercios de ropa, calzado, comestibles… había varios, el de Felix José, el de Vidal, Teodoro, Jesús Quijano, Vicente, Edelmiro y el que había en la punta de arriba de la plaza, que, por cierto, la esquina del edificio de ese comercio estaba hecha con una piedra especial para afilar la navaja y poco a poco se iba haciendo un hueco y al final el dueño tuvo que poner una cantonera metálica tapando la piedra para que la gente no afilara la navaja por miedo a que se le cayera el edificio, todavía está la esquinera de metal. Me olvidaba del comercio del Paragüero, el de Pedro Losa, la Joanica…

Por entonces había unas monedas de duro que eran muy grandes, tanto que al final las acabaron quitando e hicieron una moneda de diez duros del mismo tamaño. Recuerdo que cuatro o cinco ñacos le colamos una moneda de duro como si fuera de 10 duros a un comerciante, nos compramos un montón de golosinas y encima nos devolvió el cambio, travesura de ñacos chicos. En otra ocasión un comerciante le dijo a mi padre “ tengo unos fajos de tela que no los vendo ni a tiros”, ese mismo comentario se lo hizo a uno de los viajantes que venían a traerle el género, respuesta del viajante, si los tienes a 14 reales ponlos a 28 y si no lo vendes me lo devuelves, cosas de humanos, a los pocos días había vendido toda la tela. Otra anécdota simpática es que fue la hermana Anselma al comercio a comprarle unos zapatos a su hijo y había un viajante aquel día y ella le dijo al comerciante: ¿Tienes unos zapatos para mi nene? Le dijo que qué número gastaba el nene, “el 42” contestó y claro el viajante cuando vio que el nene calzaba al cuarenta y dos dijo: pijo, cuando sea hombre gastará el 60. Y es que al hijo de la hermana Anselma le decían el nene.


1 comentario:

anhimo dijo...

Hola Andrés. Sólo darte mil gracias por el rato tan agradable que pasó leyendo tus recuerdos. Un abrazo 💜