Entre muros ha vuelto a poner la justicia española a gente
con talento sólo por el hecho de querer que su pueblo viva libre sin los desprecios
de un país caduco, un país donde la justicia “ajusticia” a todo aquel que no
esté con los suyos separándolo, metiéndolo entre muros u obligándole a
exiliarse donde no moleste, un país acomplejado que se sirve de los cuerpos
uniformados para imponer su ley, un país capaz de reírse de un pueblo como el
catalán hasta la saciedad, un país con tanto miedo a que Catalunya se marche
que es capaz de todo eso, de ponerse de acuerdo para encerrar entre muros a sus
dirigentes al mismo tiempo que detesta a todo lo que suene a un idioma que no
sea el castellano, un país capaz de organizarse para que las empresas catalanas
se marchen a sus Españas del alma.
La injusta justicia camuflada como justa rompe moldes y nos
regresa al siglo diecinueve sin parpadear, a todo el que molesta se lo cargan
sacando apartados especiales para cada caso, yo no entiendo de leyes, sin
embargo nada más hay que oír a los entendidos como enumeran las barbaridades
que aplica la fiscalía para encerrarlos, ya lo dijo Pedro Sanchez: "¿La
Fiscalía de quién depende? Pues ya está" -la frase de Sánchez sobre
detener a Puigdemont. Cada uno que piense como quiera, pero hoy, debido al
poder judicial, policial, legislativo… Catalunya está más triste que nunca,
sólo faltaba “desescalar” la salida de los presos catalanes diciendo que sus
ideas justifican aplicar la inquisición, que no se han arrepentido, dicen que
lo volverán a hacer, inculcan al pueblo a seguirlos… pues nada ese país tan caduco
pone en marcha su “inquisición” atenuada y los vuelve a meter entre barrotes
hasta que se arrodillen y pidan perdón, a eso le llaman reinserción y ellos no
se han arrodillado.













