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En el pueblo había muchos católicos y cuando una persona estaba mala, bastante mala, la familia prometía algo a la Virgen o a los santos pero había una cosa muy singular: el día de San Antón alguien prometía soltar un gorrino, normalmente era el más pequeño de la camada, se le llamaba “el guarín” y el gorrino estaba todo el día por el pueblo dando vueltas, la gente le daba de comer, (cuando un ñaco no iba a casa porque estaba jugando en la calle todo el día sus padres decían “parece el gorrino de San Antón”). Bueno al gorrino, en noviembre o diciembre, la Iglesia o mejor dicho el cura, ya que se quedaba él con el dinero, lo rifaba y al que le tocaba hacía una matanza junto con los que él ya tenía. En fin, era una forma de predicar sin dar trigo porque el cura era el que ganaba la promesa que había hecho creer a quien tenía el familiar enfermo.
No teníamos tableta ni móviles pero teníamos un montón de juegos que los hacíamos en la calle, también teníamos tebeos del Capitán Trueno, El Jabato, Hazañas Bélicas, Roberto Alcázar y Pedrín… bueno todo para que un niño desarrolle su forma de ser persona, yo particularmente recuerdo con cariño el tiempo que pasé en Villapalacios con muchísimos amigos.
En el pueblo había un cine cerca de las escuelas viejas donde yo iba, en el edificio donde Belmonte tenía una fábrica de gaseosa, “Gaseosas Belmonte”, el cine lo llevaba o era su dueño el Grillo, cuñado de Fortoso, además de cine también se hacían algunos convites de boda cuando alguien se casaba, aquel cine se pegó fuego, recuerdo haber ido a ver alguna película allí, estaba en el segundo o tercer piso. Luego en el carril hicieron el cine nuevo que tenía en la parte trasera, abajo, una ventana por la que nos colábamos porque no teníamos dinero para entrar, claro que si te engordabas no te podías colar porque los barrotes estaban bastante juntos el uno con el otro. En fin hicieron el cine y nos quitaron “el escurricero” porque justo dónde lo hicieron había un terraplén de greda y allí hacíamos un escurricero con agua o meando, con un pie delante del otro y en cuclillas bajábamos echando hostias por los metros que tuviera, como un tobogán, algún porrazo nos dábamos. Pero bueno, que teníamos cine, muy grande por cierto y con estufa de leña, muy grande también. Ahora son pisos, los hizo Manolo que es albañil, compró el cine, supongo, luego los vendió y él vive allí ahora con mi prima Rosa Mari. A Fortoso lo llevábamos loco intentando que no nos coláramos, era el padre de Josevi y dueño del cine junto con el Grillo.

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